Ministerio de jovenes con proposito

18 12 2008

libro

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Me he dado a la tarea de empezar a leer algunos libros y asi poder hacerles algunas recomendaciones, asi que aqui les dejo una parte de este libro, para aquellos que trabajen o quieran trabajar con jovenes.

Bendiciones… Si les gusta el libro, adquieranlo en su libreria favorita..

Mi amigo Ted leyó este primer capítulo y dijo: «Doug, tú no puedes comenzar el libro de esta manera; no hay ideas suficientes para el programa». Mi amiga Lissa, por otro lado, leyó elmismo capítulo y dijo, «iPoderoso comienzo! A cada obrero de jóvenes se le debe requerir que lea este material antes de comenzar con ese ministerio.

¿Por qué estas respuestas tan diferentes?»

Ted tiene veintidós años y está comenzando a trabajar en el ministerio con la juventud. Cree en algo llamativo, un ministerio atractivo con la juventud que tenga slogans pegadizos, calendarios  extravagantes, programas grandes e ideas creativas que pavimenten la ruta para un ministerio saludable con la juventud.

Lissa tiene cuarenta y dos años, es una obrera experimentada en el trabajo con los jóvenes que comenzó igual que Ted. Ella entiende la seducción de una idea entusiasta para dicho ministerio. Durante varios años de su liderazgo le dió más importancia al entusiasmo que a la salud. Las ideas del ministerio con la juventud eran más importantes que la intimidad con Dios. Los programas eran de mayor importancia que la oración. Permitió que su corazón se
endureciera y luego se describió como una mentirosa espiritual en lugar de una líder espiritual.

Lissa no es la única. Yotambién caminé por ese sendero. Yo también pasaba todo el tiempo buscando ideas creativas y programas extravagantes para hacer brillar mi ministerio para jóvenes. Desde entonces aprendí, como Lissa, que un ministerio saludable para la juventud no comienza con ideas, sino con líderes espirituales.

Cuando una iglesia (o líder de! ministerio de jóvenes) valora
principalmente la apariencia, hay poca necesidad de liderazgo espiritual.
Un no cristiano podría llegar a ser un obrero de «éxito» con
la juventud en esa clase de iglesia al aumentar las actividades, lanzar
ideas nuevas y aumentar la asistencia. Después de una pequeña
investigación, probablemente no encontraría ninguna diferencia
mensurable entre este tipo de ministerio con la juventud y un club
de servicio no cristiano. Ambos usan la apariencia para atraer.
Este primer capítulo lo desafía (también a su iglesia y al equipo
del ministerio con la juventud) a desarrollar un ministerio en e!
que los líderes confíen en el poder de Dios. Este es e! ingrediente
esencial y fundamental para construir un legado espiritual saludable
a largo plazo. A fin de cuentas, la salud es más atractiva que el
entusiasmo.
Mi viaje desde la apariencia hasta la salud
En 1979 comencé a trabajar voluntariamente con jóvenes de 11 a
14 años en el ministerio de mi iglesia. ¡Me encantaba! Aunque no
sabía lo que hacía, supe que Dios me estaba usando, a mí y a mis
energías, para relacionarme con estos jóvenes y cuidarlos. Durante
mi primer año, el director de los jóvenes dejó nuestra iglesia y yo
llegué a ser el líder por omisión. (jEra el único voluntariol) Un año
después aún no sabía lo que hacía, pero estaba muy ocupado haciéndolo.
Nuestro grupo tomaba parte en todo lo que podía encontrar.
Si un volante llegaba a nuestra iglesia anunciando una actividad
para los estudiantes menores, allá íbamos nosotros. Si asistía a
una conferencia y obtenía un plan de muestra, lo usaba en la Escuela
Dominical cuando volvía. Estaba demasiado ocupado y divirtiéndome
mucho como para reconocer o admitir que no tenía la
menor idea de cómo construir un ministerio saludable con jóvenes
ni mucho menos que se esperara que yo edificara algo. El ministerio
no era nada más que cuidar de los adolescentes con algún
estudio bíblico ocasional. Pero como los estudiantes estaban entre-
Los ministerios saludables parajóvenes I 31
te?i~os ~ la asistencia subió, todos parecían pensar que éramos un
mmisteno saludable de jóvenes.
Después de ser voluntario durante dos años, en 1981 me ofrecieron
U? puesto de interno con sueldo en un ministerio profesional
para Jóvenes. Me conmovió pensar que recibiría un sueldo para
hacer lo que tanto me gustaba. Salté ante esta oportunidad y continué
trabajando en este ministerio con jóvenes mientras terminaba
la universidad y el seminario. Mi vida nunca se detenía. Además de
la pesada carga de estudios, entrenaba a los equipos de la escuela
para que yo pudiera obtener mejor acceso al terreno escolar de la localidad.
Planeé campamentos, hablé a cualquier grupo que me escuchara
y fui a cada conferencia disponible para preparar ministros
para jóvenes. Mi vida era el ministerio para jóvenes, y llegué a ser
un experto en ir, hacer y lograr.
. En 1985, mi mentor en el ministerio con jóvenes me entregó el
hdera~go de lo que se consideró un ministerio exitoso. Aunque me
emocionaba, por otra parte también me obligaba a probar que yo
«era el hombre». Esto me empujó a hacer más y a buscar ser el más
grande y mejor en todo lo que hice (apariencia). Casi todas las noches
de la semana yo estaba fuera de casa. Mientras que todas las actividades
y entusiasmo aseguraban que nadie dudara sobre mi disposición
para trabajar, yo dudaba de todo. En medio de esto, no
podía librarme del vacío en todo lo que hacía. Estaba distante del
Señ?~ y mi corazón se endurecía lentamente. Nadie supo cómo se
d~bll1taron mis disciplinas porque por fuera todo parecía andar
bien, Podía hablar bien en relación a mi espiritualidad. Me había
convertido en el niño de cartel para Proverbios 26:23: «Como
baño de plata sobre vasija de barro son los labios zalameros de un
corazón malvado».
Como mi vida interior se endurecía, mi mundo exterior en e!
ministerio con la juventud comenzaba a mostrar las grietas. Tres
problemas principales me frecuentaban y me dejaban frustrado
continuamente: no podía crear programas atractivos como los de
otras iglesias, no estaba seguro de ser la persona correcta para e! ministerio
con la juventud y nunca podía hacer lo suficiente para agradar
a todos.
Era demasiado arrogante para pensar que estos problemas me
aventajarían y estaba demasiado inseguro como para pedir ayuda.
Pero después de un año de mi nuevo reinado pastoral, Dios usó estos
problemas que asomaban para ablandar mi corazón y enseñarme
lo que necesitaba saber desesperadamente, si continuaría en el
ministerio. Hubiera deseado aprender estas lecciones de un libro,
pero para ser sincero, no creo que hubiera hecho la pausa necesaria
para aprender de otros aunque hubieran escrito al respecto.
En cambio, me obligaron a encontrar una dependencia auténtica
de! poder de Dios para cambiar mi vida e impactar mi ministerio
con la juventud.
Problema 1: No podía crear programas atractivos
como los de otras iglesias
En mi búsqueda continua de ideas nuevas, lo último que escogí
fue un programa que agradara a los padres, traer multitudes de estudiantes
de afuera y ayudarlos a crecer espiritualmente. Necesitaba
un programa poderoso que nos llevara de menor a mayor. Sin
conocer algo mejor, estudié los ministerios de jóvenes de las «grandes
ligas» y esperé que lo que estuvieran haciendo proporcionara
mi respuesta. Traté de aplicar sus programas en mi ambiente, pero
no entendí que había demasiadas variables para ser copiadas y tomadas
en mi contexto del ministerio con la juventud.
Era demasiado inmaduro para buscar los principios transferibles
que quizá me ayudaran. En su lugar, quería que un programa
instantáneo trajera éxito rápido. Lo que sí aprendí es que copiar el
programa de otro siempre lleva al fracaso. Algunas ideas del programa
funcionaban por un tiempo, pero en mi ambiente no tenían la
misma fuerza que tuvieron en las otras iglesias.
Cepiar el pregrama de etre siempre
me llevé al fracase.
Pensé que si e! ministerio con la juventud consistía en crear
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programas intrigantes y yo no podía hacer esos programas, no debía
ejercer dicho ministerio. Dependía de otros ministerios para
proporcionar mis respuestas en vez de depender de Dios para mostrarme
su plan para un ministerio saludable. Siempre me comparaba
con otros obreros que hacían que los programas increíbles parecieran
sencillos. Mi incapacidad para crear programas magníficos
se derivaba de mis comparaciones, y mi duda llegó al límite. Llegué
a convencerme de no tener e! conocimiento ni las habilidades para
trabajar bien e! ministerio con la juventud.

Problema 2: Quizá no era la persona correcta
para el ministerio de los jóvenes
Durante mis primeros años en e! ministerio con los jóvenes, recuerdo
pararme frente a los más jóvenes (11 a 14) y disfrutar sus miradas
intrigantes. Era joven, divertido, enérgico y bien apreciado.
Sus caras decían: «Esto será bueno». Pero solo unos pocos años después,
cuando las cosas no iban tan bien, vi una mirada diferente,
una que decía: «Más vale que esto sea bueno». Al carecer del conocimiento
y las habilidades, pensé que los estudiantes ya no me apreciaban.
Su entusiasmo decayó, la asistencia bajó, los voluntarios encontraron
otros ministerios en la iglesia a los cuales dedicar su
tiempo, y nuestros programas cambiaron cada vez que espié otro
ministerio de jóvenes. Tanto los padres como los ancianos de la iglesia
preguntaban qué pasaba, y admití que todos los problemas eran
mi culpa. Miraba constantemente por encima del hombro para ver
si otra gente pensaba lo mismo que yo, que tal vez no era la persona
ideal para el ministerio con los jóvenes a pesar de tener todo lo
necesario.
Aunque trabajé horas agotadoras, el trabajo no resultaba ser
como todos parecían querer. Surgieron expectativas no explicadas
previamente, y abastecieron mi personalidad trabajadora queriendo
arreglarlo todo, aunque específicamente no podía identificar
los problemas. Hacía tiempo que mi deseo de trabajar en este ministerio
se había cambiado de agradar a Dios a apaciguar a la gente.
Quería tener el aprecio de todos, y ese deseo me llevó al tercer problema
mayor.
Problema 3: Nunca podía hacer lo suficiente
para agradar a todos
El momento crítico comenzó luego de un intento para aumentar
el número de asistencia decreciente. Organicé un campamento
evangelístico que para asistir, tenía por requisito traer a un amigo
inconverso. Para mi asombro, nuestros jóvenes respondieron al desafío.
Ese fin de semana el poder de Dios se movió y la mayoría de
los estudiantes inconversos volvieron del campamento con una
nueva y significativa relación con Jesucristo. Era el mejor campamento
que jamás había experimentado.
Al siguiente lunes del campamento, entré a la oficina de la iglesia
ansioso por dar las noticias al personal de la iglesia y oír los mensajes
de elogio que creí habrían estado llegando toda la mañana. A
medida que me acercaba a la oficina de la iglesia, la mezcla de mi inseguridad
y orgullo crearon una fantasía en la cual imaginé a todo
el personal aguardando mi llegada en una fila a la entrada para felicitarme
y cantando el coro «Cuán grande es él».
Mi burbuja de fantasía explotó cuando el administrador de la
iglesia me preguntó inmediatamente: «¿Sabe usted que nuestro megáfono
se rompió este fin de semana y que las camionetas de la iglesia
no fueron devueltas a sus respectivos lugares de estacionamiento?
» No sabía qué responder. Me quedé sin habla (lo cual era un
pequeño milagro). Este no era el saludo que esperaba. En mi estado
de choque, dije algo acerca de estacionar las camionetas y comprar
un megáfono nuevo. Bajé la cabeza y caminé a mi oficina.
Mientras me sentaba en mi escritorio, pensé «¿Renuncia se escribe
con s o con c?» Fue entonces que recibí una llamada telefónica de
una de las madres de los jóvenes, Asumí que me llamaba para agradecerme
el cambio de vida operado en su hijo luego del fin de semana.
Por el contrario, dijo: «Doug, tengo algunos problemas con su
liderazgo en el campamento durante el fin de semana». Y pasó a explicarme
que la única historia que había oído de su hijo era que una
noche los chicos se acostaron en ropa interior, expulsando ventosidades
y prendiendo fósforos para hacer fuego y reírse de la apariencia
de las llamas. Continuó llamándome la atención por lo
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irresponsable y peligroso que esto era, diciendo que realmente los
chicos pudieron haber explotado. (¡Yo solo pensaba qué magnífico
vídeo podría ser estol) Me imagino que ella pensaba que era algo
que habíamos planeado y no una travesura de jóvenes. De cualquier
manera, me convertí en el objeto de su ira.
Hacía solo diez minutos que había llegado a la oficina y ya había
tenido dos conversaciones negativas con respecto a uno de mis
mejores fines de semana en el ministerio. Salí inmediatamente.
Mientras manejaba hasta mi casa, no pude contener mis emociones
y comencé a llorar (no el tipo de llanto con lágrimas en los ojos,
pero mi cuerpo estaba convulsionado). Pensé en todo el tiempo, la
energía y la emoción que había dedicado al fin de semana. Me~t.almente
repetí las conversaciones profundas, las numerosas decisiones
difíciles del liderazgo y las caras de los muchos estudiantes que
se habían entusiasmado con Cristo. Mientras lloraba, decidí arrogantemente
que después de todo el trabajo que había hecho no merecía
este trato.
Fue en ese momento, sentado en mi coche a un lado del camino,
que sentí la presencia sobrenatural de Dios. Desearía decir que
había una instrucción audible; pero no la había. No obstante, en
mi corazón sentí la presencia de Dios como nunca antes había experimentado.
Sentí que Dios me decía: «Doug, tú nunca serás capaz
de hacer lo suficiente para agradar a todos. Concéntrate en mí. Descansa
en mí. Permanece en mí. Si tu corazón gira hacia mí, podemos
trabajar juntos y hacer algunas cosas buenas.» Eso era. ¡Este
fue el momento que revolucionó mi ministerio! Mis tres problemas
del ministerio con la juventud se solucionaron luego de esa experiencia.
Larespuesta no estaba en programas, ni en sentirse ~preciado,
ni en complacer a todos. La respuesta estaba en convertirme
en la persona correcta para el ministerio con los j6:enes. Ha~í~ dejado
a Dios fuera de la ecuación y había estado haciendo el rmrusterio
con la juventud usando mi propio poder. Mi corazón se había
endurecido, y empleaba todo mi tiempo haciendo el trabajo de
Dios sin serun hombre de Dios.

Dios no solo trabajó en las vidas de los jóvenes por medio de ese
campamento, pero también lo usó para hacer su trabajo en mí. Mi
enfoque y la dependencia se habían centrado insensatamente en
mi propia habilidad de realizar (hacer). Ahora entendí que si permanecía
dependiendo de Dios y tenía mi enfoque en él, me daría el poder
parasersu siervo y así alcanzar sus propósitos en mi ministerio.
Cómo llega uno a ser un obrero de la juventud
¿Quién depende de Dios?
Muchos obreros de jóvenes con quienes hablo pueden sentirse inadecuados
con sus dones, su llamado al ministerio con la juventud y
su desempeño como líderes. La esperanza en estas luchas se encuentra
al concentrarse en Dios y su Palabra. La solución a mis tres problemas
cambió mi vida y ministerio, y me llevó a aumentar mi dependencia
en el poder de Dios y a desarrollar mis habilidades
como un líder espiritual.
Respuesta 1: Reconozca el poder de Dios
a través de la humildad personal
Cuando mi orgullo me empujó a crear programas extravagantes,
Dios me enseñó humildad. Mediante la experiencia que me estrujó
el corazón, reconocí que a fin de cuentas los programas no
funcionan, es Dios. Dios no necesita un programa para obrar. Ni siquiera
me necesita a mí. Reconocer esto me hizo humilde cuando
finalmente admití que mi parte en la obra de Dios es muy pequeña.
Cuando acontecen cosas buenas necesito reconocer que suceden
gracias al poder de Dios y no por mí.
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Di~s n~ necesito. un pr~gro.mo. po.ro. ebrcr, r-li
síquterc me necesito. o. mí.
Si usted es alguien que absorbe el crédito por el éxito, la humildad
puede ser una cualidad extranjera. Quien se adueña del crédito
por el éxito alcanzado, fácilmente pierde de vista el poder de Dios.
Nunca planeo adueñarme del crédito que pertenece a la obra de
Dios, pero a menudo me he visto haciendo un cambio sutil pensando
que el ministerio con la juventud no es la obra de Dios, sino el resultado
de mis habilidades y esfuerzos. Lamento admitirlo, pero
muchas veces me he dado palmaditas por la espalda cuando fue
Dios quien merecía el crédito. Tristemente, cuando las cosas iban
mal no me consideré responsable. Casi sin excepción, si las cosas
no salían bien imploraba que Dios reforzara «su» trabajo.
Cuando las vidas cambian, aumenta la asistencia y suceden cosas
buenas, necesitamos reconocer el poder de Dios, alabarlo y acreditárselo
a él. Pablo dió este consejo en 1 Corintios 1:31: «Si alguien
ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor». Usted y yo no
tenemos nada que ver con la transformación verdadera de una vida
terrenal a una vida eterna, eso es obra de Dios. Podemos guiar a los
estudiantes en una dirección correcta, y hasta podemos tener el privilegio
de ser embajadores de Dios, pero bajo ningún concepto debemos
apropiarnos del crédito de Dios. Si nos jactamos, necesitamos
jactarnos acerca de Dios. Es sinceramente humillante pensar
en el imponente privilegio y responsabilidad de ser usados por
Dios.
Respuesta 2: Someta sus habilidades a Dios y permita
que su poder obre a través de lo que es usted
Cuando me sentí inadecuado como ministro de jóvenes y dudaba
de mi llamado, tuve que practicar la sumisión. Regularmente someto
a Dios todo lo que soy y todo lo que tengo para ofrecer porque
no tengo el conocimiento, la energía natural ni la habilidad
para relacionarme con los adolescentes como lo hacía hace veinte años. Cada semana, cuando estoy con los adolescentes, recuerdo
que ya dejé de ser joven (soy de la edad de sus padres).
¿Alguna vez se ha sentido como un adulto aburrido? ¡Yo sí! Si
los estudiantes me piden que los lleve de la iglesia a su casa, les contesto:
«Está bien, ¿pero te puedes sentar en el asiento del niño?» Es
que tengo pañales y biberones por todas partes, yeso no es muy
atractivo. Una vez que están en mi coche, empujan los botones preprogramados
de las estaciones de radio pensando que encontrarán
una estación de música. ¡No en mi coche! Escucho las noticias (lo
más loco que escucho es la estación dedicada a llamadas telefónicas).
Trato de mantenerme al día escuchando algo de su música.
Alguna que otra vez, veo MTV hasta que termino con dolor de cabeza
por lo mucho que giran la cámara. No conozco las últimas
bandas, y no me gusta que los estudiantes me hagan escuchar su
música (principalmente porque no entiendo la letra).
Además de sentir que no estoy al día, tengo menos energía que
antes. ¡Detesto pasar la noche en vela! No puedo salir con ellos
siempre. Con toda sinceridad tengo que admitir que no tengo el
mismo conjunto de habilidades que tenía hace una década. Además,
estoy aprendiendo que no es del todo malo.
Al someter mis habilidades al poder de Dios, puedo descansar
en la misma verdad que el apóstol Pablo comunicó acerca de su debilidad
cuando Dios le dijo en 2 Corintios 12:9: «Te basta con mi
gracia; pues mi poder se perfecciona en la debilidad.» Pablo respondió:
«Gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para
que permanezca sobre mí el poder de Cristo.»
Esta sumisión impide que me deprima. Admito que no puedo
mantenerme al ritmo de la cultura de los adolescentes y que ya no
soy tan chispeante. Cuando someto mi vida y mis habilidades a
Dios para el trabajo del ministerio con la juventud, descanso en la
promesa de que ese poder de Dios está disponible para mí, «escierto
que [jesucristo] fue crucificado en debilidad, pero ahora vive
por el poder de Dios. De igual manera, nosotros participamos de
su debilidad, pero por el poder de Dios viviremos con Cristo para
[servirlos] ustedes» (2 Co 13:4).
Permita que elpoder divino que se revela en la vida del creyente
Los ministerios saludables parajóvenes I 39
encienda sus habilidades. Regocíjese sabiendo que su presencia y
palabras dan al poder de Dios otra oportunidad de comunicarse
con estudiantes a quienes Dios ama. Recuerde lo que dijo Pablo
acerca de su falta de habilidades verbales en 1 Corintios 2:4-5: «No
les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con
demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no
dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios». Cuando
pienso que la verdad de Dios trabaja a través de mis debilidades,
se estremece mi alma y me mantiene en marcha.

Respuesta 3: Concéntrese en ser una persona de Dios
antes de hacer la obra de Dios
En lugar de tratar de agradar a otros, aprendí a vivir mi vida
para una audiencia de Uno. Hacer la obra de Dios no es tan importante
como ser la persona de Dios. Yaque tiendo a ser una persona
que le gusta agradar a la gente, necesito un recordatorio continuo
de que Dios está más preocupado por mi salud espiritual que por
mi apariencia del ministerio con la juventud.
En la iglesia, hacer puede convertirse en una ilusión que requiere
más atención que nuestro ser. Jesús tiene una advertencia para la
gente que está más preocupada por hacer que por ser: «No todo el
que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino
solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos
me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu
nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos
milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense
de mí, hacedores de maldad”» (Mateo 7:21-23).
¿Seimagina verse parado delante de Dios haciendo una lista de
todas las cosas que ha hecho? «Dios, hablé por ti; confeccioné

retiros para ti; durante varios años trabajé de voluntario. ¿Quieres
que siga la lista? Hice vídeos magníficos; leí Ministerio de jóvenes
con Propósito por ti; hasta amé a los hijos del pastor. ¡Ytodo lo hice
por ti!» No sugiero que dude de su salvación, pero le motivo a considerar
todo lo que hace y reírse de lo ridículo que sería presentar una
lista como esa ante los ojos de Dios.
La siguiente oración vale el precio de este libro si la puede aplicar
a su vida: «Usted nunca podrá hacer lo suficiente». Esta vez ponga
su nombre en el blanco e imagíneme como a un amigo suyo diciéndole
esto cara a cara. «Quiero que sepa una verdad importante
que le evitará mucho dolor, dolor de corazón, y tiempo si puede entenderlo:
, usted nunca podrá hacer lo suficiente. Siempre
hay algo más por hacer. ¡El ministerio para jóvenes nunca termina!
No permita que hacer la obra de Dios le cueste dejar de ser la
persona de Dios.»
Refuerce su ministerio con la juventud colocando una prioridad
más alta en «ser» que «hacer».He visto que la integridad espiritual
juega un papel tan importante en el ministerio con la juventud
que con sinceridad puedo decir que mejor prefiero a un voluntario
santo que a diez voluntarios hábiles que no confían en Dios. No
hago un secreto de esto. Los adultos en nuestro ministerio entienden
que valoro su madurez espiritual mucho más que su ministerio.
No me mal entienda; quiero que los voluntarios hagan su ministerio,
pero no a costa de su crecimiento espiritual. El poder de
Dios trabajando en las vidas de los líderes es el fundamento de un
ministerio saludable de jóvenes.


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3 respuestas

3 01 2009
nayeli quiñones

fue impactante como Dios me hablo a través de este testimonio. Gracias. y Bendiciones

3 02 2009
Mari

wow que impresionante como Dios hablo a mi vida tengo 17 años y sentia que me estaba pasando lo ismo y es grandioso como Dios hace las cosas
bendiciones

15 08 2009
Joel Celaya

Hola, solo paso a saludar a todos mis amigos de Centro Vida!! Cuidense, bendiciones, Joel

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