Id y haced discipulos

1 05 2009

“Por tanto, VAYAN y hagan discípulos … “

(MATEO 28:19)

¿Cómo hacer discípulos? no es cuestión de poner en práctica esto mecánicamente sin haber sido renovado por el Espíritu Santo. Tratar de poner en práctica la mecánica del discipulado sin la vida del Espíritu nos frustrará, y puede llegar a ser puro legalismo. Es necesario que la congregación experimente una renovación de la mente y un deseo de transformación en cuanto a su relación con Jesús como discípulo. Hay que comprender que Jesucristo es Señor y amigo: “Ya no los llamo siervos… los he llamado amigos” Juan 15:15).

La relación Señor-siervo habla de compromiso y obediencia, la relación de Amigo-amigo nos indica que es una relación de gracia, no de ley, es una amistad voluntaria y profunda de amor. La relación de Amigo-amigo requiere más que la relación Señor-siervo, porque es un servicio por amor. Uno tiene más obligación con un amigo que con un patrón. Porque la relación amigo-amigo está basada en el amor.

Toda relación en la vida cristiana es por amor; cuando hay amor a Dios, al hermano y al prójimo, todo es fácil (ver Romanos 13:8-10).

(DHH)
Rom 13:8
No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amor que tienen unos con otros; pues el que ama a su prójimo y a ha cumplido todo lo que la ley ordena. [1]

Rom 13:9 Los mandamientos dicen: “No cometas adulterio, no mates, no robes, no codicies”;[2] pero estos y los demás mandamientos quedan comprendidos en estas palabras: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”[3]

Rom 13:10 El que tiene amor no hace mal al prójimo; así que en el amor se cumple perfectamente la ley.

(RV60)
Rom 13:8
No debáis a nadie nada,  sino el amaros unos a otros;  porque el que ama al prójimo,  ha cumplido la ley.

Rom 13:9 Porque:  No adulterarás,  no matarás,  no hurtarás,  no dirás falso testimonio,  no codiciarás,  y cualquier otro mandamiento,  en esta sentencia se resume:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Rom 13:10 El amor no hace mal al prójimo;  así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Entonces va a ser más fácil emplear las “mecánicas” que usaba Jesús, y luego sus apóstoles, porque no eran forzadas, sino motivadas por el amor. Sin vino nuevo, no haría falta nuevos odres. Lo primordial es conseguir el vino nuevo; después ocuparse de las estructuras para mantenerlo.

El discipulado tiene que comenzar con los pastores. Si los pastores no se reúnen ni se ven a sí mismos como los ancianos de la única iglesia de Dios en su ciudad, nunca estarán capacitados para hacer discípulos de su gente. Es una tarea nueva que requiere continua consulta con otros pastores maduros. El discipulado, en general, no puede comenzar de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo. A fin de hacer discípulos, nosotros, los líderes tenemos que ser discípulos primero.

El discipulado no es una enseñanza que se presenta en un aula, sino una vida que se vive delante de los discípulos. “Sed imitadores de como yo soy de Cristo” es el lema. Ningún pastor debe pensar que,

valiéndose de sus viejos sermones, podrá hacer discípulos; es imposible. Tampoco es dar estudios bíblicos, al estilo tradicional, sobre el discipulado. No es escuchar lecciones de piano, sino sentarse al piano y mover los dedos sobre las teclas. Es experimentar, es hacerlo nosotros primero para luego transmitir una experiencia y no palabras, síntesis y no tesis.

Por no haber un grupo a quien cada pastor debe dar cuenta, hay muchos abusos, como el culto a la personalidad del pastor, los pastores astros de televisión, el comercio con libros, discos y casetes, que enriquece desmedidamente a los líderes, abuso de prácticas y doctrinas exageradas tomadas de las Escrituras. No es saludable para ninguno correr solo. No debería haber “llaneros solitarios” en la Iglesia. Los pastores mismos deben ser discípulos y sujetarse unos a otros en amor. Además tenemos la ayuda de los errores del pasado de muchos de nosotros, para amarnos unos a otros y respetarnos unos a otros. La falta de respeto a las diferencias ha sido causa del enfriamiento del amor.

Cuando pensamos que no tenemos que ya lo sabemos todo y que nadie nos puede enseñar comenzamos a erguirnos sobre los demás y eso no es correcto.

Antes de escoger a sus doce discípulos, Jesús ayunó cuarenta días primero y, el día antes, oró toda una noche (Lucas 6: 12-13). La elección de discípulos es un asunto espiritual que no debe hacerse a la ligera.

Cada discípulo que discípula a otros debe recibir y dar cuentas a un líder o discípulo más avanzado. Es decir, estar conectado a otros creyentes por arriba, por abajo y por los costados, tal como los ladrillos de un edificio.

Cada discípulo es un sacerdote. Como sacerdote debe delinear su área geográfica. Los templos antiguos eran geográficos. Ahora con el pluralismo, en la misma localidad hay diferentes grupos étnicos, religiosos, subculturas, alcohólicos, homosexuales, adictos a pornografía, droga, chicos de la calle, pordioseros, ladrones, etcétera. Uno debe tener una metodología diferente para cada grupo, aunque con el mismo propósito: ser un discípulo de Jesucristo.

En términos generales, el área geográfica  de cada creyente que se reconoce sacerdote está formada así:

• Su familia
• Sus familiares

• Sus vecinos
• Sus amigos

• Sus compañeros de trabajo

• Sus compañeros de escuela

• Sus enemigos

El discípulo hace una lista con todos los nombres de los que componen su área geográfica. Debe orar por ellos todos los días por nombre y declararlos “pre discípulos de Cristo”. A medida que va orando uno por uno, va pensando qué método de aproximación puede usar para cada diferente persona. El mejor es el amor. Si uno se “enamora” de un prójimo, buscará contactarlo, le hará favores, etcétera. Hable con ellos, pero antes de hablarles de Jesús, hagan “brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo” (Mateo 5:16).

Nada habla más fuerte que la amabilidad, la bondad, el amor, el gozo, la paz. Si un compañero de trabajo se enferma, visitarlo, ayudarlo, suplir sus necesidades es testificar, no solo hablarles. Lo que demuestra que somos discípulos de Cristo es que somos como Él. Por ejemplo, uno que va a la escuela, ayuda a alguno de sus compañeros que saca buenas notas yendo a la casa a hacer los deberes con él. Así toda la familia del

compañero estará impresionada. El momento llegará para decirles que es Dios quien nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos.

A medida que pre discípulos se convierten a Jesús, comenzamos a formar una célula con ellos que se reunirá en nuestra casa. Ahora dejaron de ser pre discípulos y son NUEVOS Discípulos,

a)     el líder se transforma en “anciano de casa”.

b)     Primero debemos evangelizarlos enseñándoles sobre el amor de Dios, su perdón y la conversión del mundo a Dios.

c)     Luego de dos o tres meses, después que están seguros de su salvación y de comprender lo esencial de la gracia de Dios;, hay que comenzar a enseñarles la “doctrina de los Apóstoles ,que son los mandamientos de Jesús y de sus apóstoles. Jesús dijo que debíamos hacer discípulos enseñándoles a que guarden todo lo que Él mandó. No se trata de estudios bíblicos, sino de tomar un mandamiento y discernir juntos cómo ponerlo en práctica en la vida.

d)     Nunca se debe pasar a un nuevo mandamiento hasta que el anterior haya sido practicado.

Cada lección o mandamiento puede llevar varias semanas hasta que es integrado en la vida de los discípulos, esto los hará crecer rápidamente. Estos creyentes nuevos que comienzan a “obedecer a Jesús”, se los llama Discípulos FIELES.

Cuando ellos forman su propia célula y comienzan a ganar a sus vecinos y amigos para Cristo y reunirlos en células en su casa, se transforman ellos en “ancianos de casa”. Y al discipulador de estos que van formando sus grupos se lo llama “anciano de grupos”. Al seguir creciendo, el de más arriba se transforma en “anciano de región”. Como ven, los ancianos no llegan a serlo por el voto de la congregación, sino por su funcionamiento como tal. La palabra anciano quiere decir ‘sobreveedor’.

El que no está sobre viendo a nadie no es sobreveedor. El que dirige varios grupos es un sobreveedor de casa, de grupos, de región. Si los grupos se siguen multiplicando, el líder se transforma en “anciano del sínodo” (sínodo- En las iglesias protestantes es la junta de ministros encargados de decidir sobre asuntos eclesiásticos), que junto con los otros ancianos de regiones dirigirán la obra en toda la provincia o la nación.

Todo esto se fortalece con retiros de la célula, retiro de un grupo de Células, retiro de una región, etcétera. En los retiros, se comparte la visión y se impone las manos para que el Espíritu Santo se manifieste en plenitud en cada discípulo. En el discipulado, todos crecen, todos pueden ser líderes de un grupo pequeño, luego pueden ser capacitados para dirigir un grupo de líderes de otros grupos.

Cuando un discípulo está comprometido con el Señor, le entrega su vida, su casa, su auto, su tiempo, sus diezmos y sus ofrendas, y comienza a buscar” primeramente el reino de Dios”. Todas sus celebraciones, cumpleaños, aniversarios, son centrados en el reino. A la celebración, invitará a sus vecinos, compañeros de trabajo y amigos inconversos. También entre todas las células pueden alquilar un salón de fiestas y organizar banquetes anuales, muy elegantes, para invitar a sus patrones, médicos, profesionales, políticos y ganarlos para Cristo.

El amor de los grupos los impactará, y se sentirán cómodos entre creyentes. No debe ser un culto, sino una fiesta cristiana, con un testimonio poderoso de cambio de vida, música por profesionales y un mensaje explicando quiénes son los que organizan el banquete. Los que invitaron a las visitas luego serán invitados por ellos a sus casas. Todo esfuerzo debe tender a discipular a los creyentes y a atraer a los no creyentes para ser discipulados.

Biológicamente, una célula es una micronésima parte de nuestro cuerpo. El estudio de la célula en el cuerpo humano es fascinante. Cada una tiene la información total sobre nuestra persona, el ADN o genoma. La célula es la unidad de la vida. Con una comienza la vida del feto en el seno de la madre. Mientras las células se multiplican saludablemente, crecemos y nos mantenemos enérgicos; cuando las células comienzan a multiplicarse menos, comenzamos a envejecer y luego a morir.

Las células se multiplican dividiéndose continuamente. En el Cuerpo de Cristo, la célula es un microcosmos de la Iglesia. Es el grupo más pequeño, pero que contiene todo el ADN de ella. Es la Iglesia en su expresión más pequeña, pero es Iglesia, tal como lo dijo Jesús: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

Así como la familia es la célula de la humanidad, la célula es la unidad familiar de la Iglesia. El número de miembros de una célula puede ser calculado de muchas maneras. Jesús tenía una congregación de doce y muchos otros bien cercanos, como María Magdalena, su propia madre María, sus hermanos y seguramente algunos primos.

En el aposento alto, donde fueron los más cercanos a Jesús, había 120 que se los define como “Pedro, Juan, Jacobo, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y judas, hijo de Jacobo. Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María”

(Hechos 1: 13-14).

También había otros que no se mencionan en estos versículos, pero que luego se mencionan como discípulos: “a José, llamado Barrabás, apodado el justo, y a Matías” (v. 23). Estos también eran discípulos porque se dice de ellos: “… nos acompañaban todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, desde que Juan bautizaba hasta el día en que Jesús fue llevado de entre los muertos” (v. 21). Evidentemente, estos 120 eran el grupo más íntimo del Señor. Digamos que cada uno tenga el número que pueda discipular bien.

Los miembros del grupo deben ser estables. El de Jesús era estable, no era un entradero y salidero como en la iglesia, que aunque tenemos mucha gente nueva entrando, perdemos a la vez muchos otros. Jesús dijo: “Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba ‘” y ninguno se perdió sino aquel que nació para perderse,  a fin de que se cumpliera la Escritura” (Juan 17:12).

En la Célula, no se cambia de gente, no es un entradero y salidero. Sino un grupo estable que hace un pacto como de casamiento. Normalmente, solo se repone uno que se muda o se muere, pero se procura reponerlo con alguien que haya sido bien cercano y que esté a la misma altura de crecimiento que el resto, si no atrasará al grupo. Cuando repusieron a Judas Iscariote, estas eran las condiciones: “Por tanto, es preciso que

se una nosotros un testigo de la resurrección, uno de los que nos acompañaban todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, desde que Juan bautizaba hasta el día en que Jesús fue llevado de entre nosotros. Así que propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, apodado el justo, y a Matías” (Hechos 1:21-23).

¿Por qué? Porque el secreto de la célula es el crecimiento espiritual. Los discípulos del grupo deben seguir creciendo juntos. Si siempre entran nuevos, entonces tenemos que repetir lo que ya hemos aprendido, y el resto pierde tiempo en su crecimiento. Claro, al principio hay un período donde se puede agregar algunos, pero al pasar más allá del número ideal, debemos dividirlo en dos; y esos dos, al crecer y pasar el número ideal, se divide en otros dos. Así van creciendo. En las células, también se practica la ayuda mutua. Pero hay que seguir la regla de enseñar a pescar en vez de dar pescados.

Si las células funcionan por las casas y alquilan lugares cada tanto para reuniones todos juntos, porque no tienen edificios propios que mantener, ahorrarán mucho dinero. Ese dinero puede usarse para sueldos a los líderes de más de 200, para preparar las fiestas para invitar a inconversos, para ayudar a los creyentes a estudiar, a conseguir mejores trabajos, a poner sus propios negocios o empresas, de las cuales van a diezmar, y para dar becas a estudiantes sobresalientes con el fin de que brillen para Cristo en puesto altos de empresas y de gobierno.

Algunos pastores se envuelven demasiado en la política para conseguir justicia social, pero me alarma cuando no pueden conseguirla en su propia congregación. Los políticos quieren traer la justicia social aumentando los impuestos y sacándole al rico para darle al pobre, en otras palabras, hacer caridad con dinero ajeno. En las células, debemos practicar la caridad y enseñarla a otros. Debemos llegar a ser una comunidad deseable, solo así seríamos invitados a entrar en la política. Si entramos, que sea dándole la gloria a quien le corresponde, al Señor.

Es necesario que comencemos en el lugar donde nuestra palabra será escuchada y obedecida, en nuestra iglesia. Tenemos que empezar con aquellos que llevan una Biblia debajo del brazo. Son ellos los que quieren, antes que nadie, erradicar la injusticia social entre sus propios creyentes.

A veces preferimos ir a gritar a la calle que poner nuestra mano en el bolsillo para ayudar a un hermano. ¿Es posible que un hermano en la congregación pueda tener tres televisores mientras que otro no tiene siquiera una cama? ¿Es posible que un creyente tenga dos automóviles, mientras que otro tiene que caminar veinte cuadras y esperar todos los días una hora el ómnibus? Sin embargo, esto es algo que ocurre entre nosotros.

Una vez que hayamos erradicado la pobreza en nuestra congregación, recién tendremos autoridad para decir al mundo que debe haber justicia social. Primero tenemos que limpiar nuestra casa.

El doce no es un número mágico. Uno debe tener tantos hijos como pueda mantener. Queremos que la iglesia permanezca unida y que cada uno esté muy consciente respecto de cuál es su lugar en el Cuerpo.

En la Iglesia primitiva, Esteban, Felipe y Ananías eran más espirituales, tenían más sabiduría, más poder, más dones, más de todo que lo que una persona de hoy tiene, poseedora de un doctorado en teología y ordenada de reverendo. Mi único título real ahora es el de siervo inútil

(ver Lucas 17:10).

(DHH) Así también ustedes, cuando y a hayan cumplido todo lo que Dios les manda, deberán decir: ‘Somos servidores inútiles, porque no hemos hecho más que cumplir con nuestra obligación. ‘ “

(RV60)  Así también vosotros,  cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado,  decid:  Siervos inútiles somos,  pues lo que debíamos hacer,  hicimos.

La autoridad viene con la espiritualidad y el éxito en el ministerio, y esto no es algo que necesariamente acompañe a los títulos. Si dicha persona crece espiritualmente, los discípulos se le someterán aun cuando no tenga ningún título. Pero si esa persona no está autorizada por Dios, aun cuando posea el título de reverendo, no le servirá de nada. Con esto no quiero decir que no se tienen que escoger los dirigentes, sino que es conveniente esperar y permitir que el Señor los haga funcionar primero. Después nos será fácil descubrirlos.

Muchas veces ordenamos prematuramente a alguien y luego no sabíamos como “desordenarlo”.

Las células pueden reunirse en cualquier lugar y momento. Si en el departamento hace mucho calor, pueden ir a la playa o al parque, ya que no son muchos. La hora del día no tiene importancia. No es como en la iglesia, que en la mayoría de los lugares se abre solamente a las nueve en punto los domingos por la mañana y a las siete por la tarde para los cultos vespertinos, y si uno pierde esas reuniones, no puede hacer nada. El camino del Señor es angosto, pero no tanto.

La célula tiene en cuenta dos cosas importantes: el grupo y la tarea. El grupo tiene que ser alimentado, las necesidades de cada miembro suplidas. A veces los pastores estamos muy centrados en la tarea que queremos realizar, sin tener en cuenta las necesidades de los miembros del grupo con el cual queremos

hacer la tarea. No es correcto usarlos para lograr nuestros objetivos sin tener en cuenta sus demandas personales. El ejecutivo de una empresa ve en sus empleados una herramienta para conseguir un beneficio.

En la nueva vida del discipulado, sin embargo, amamos a la persona sin tener en cuenta cuál puede ser su contribución. Cada miembro de la célula es importante. El dirigente comprende que cada uno tiene sus propias aspiraciones y esperanzas.

La célula está para ministrar a las necesidades de cada uno primero y; luego, para hacer la tarea, que es la Gran Comisión del Señor. Por eso, no hay que rogarle a nadie para que asista a una célula. Tampoco hay que llamar a nadie por teléfono. En el grupo, se ven realizados. Las células satisfacen su necesidad social, espiritual y aun la material; los libera de sus cargas y les enseña a enfrentar sus desafíos de manera que puedan también llevar la carga del reino y ocuparse, entonces, de la tarea. Una célula es exitosa cuando se ministran unos a otros sin olvidarse de la tarea: buscar a los perdidos.

La tarea de la célula es: la Gran Comisión del Señor Jesucristo. Tiene que hacer discípulos o de lo contrario no habría razón para la existencia de la célula. Sin embargo, la tarea nunca se llevará a cabo si los que integran el grupo no se aman y no se ayudan unos a otros.

El líder debe ser orientado hacia la tarea y hacia el grupo.

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3 responses

2 08 2009
edith

Necesito ver el Proposito de Dios en medio de mis problema (para que) se que Dios tiene TODO en control yo confio en El Le soy Fiel no endiendo (para que) probar mi fe dejar mi orgullo modiarme aumentar la Fe depender de EL ENSEÑAR QUE ME AMA (para que)

11 08 2009
Arthur

Recuerda que nuestros pensamientos no son sus pensamientos, pero el siempre quiere bendecirnos a pesar de que a nuestro rededor todo parezca negro y nublado… Dios esta ahi para sostenernos…

animo y no desmayes

28 08 2012
mariangel rincon

yo quiero asistir a esta iglesia por que me la recomendaron pero necesito la direccion de donde queda si me podrian ayudar???

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