Gracias a Dios mi pequeño tiene la fortuna de que le han regalado ropa desde muy pequeño, ropa que no le quedaba por ser mas grande, mas ahora que ha crecido a dejado mucha…
Asi ocurre con las estructuras nos sirven mientras todo se mantiene igual pero cuando crecemos la estructura nos queda chica. Muchas veces estas estructuras detienen el fluir del Espiritu Santo
El vino nuevo necesita odres nuevos. La diferencia no reside en el estilo; no es que un odre sea más atrayente o esté más de moda que otro. Los odres viejos no se descartan porque son viejos, sino que se los deja de lado debido a que el cuero se endureció. El odre tiene que ser flexible y elástico para acomodar el vino nuevo que se expande. Los viejos odres a los que se refirió Jesús en
Mateo 9:17
(DHH) Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque los cueros se revientan, y tanto el vino como los cueros se pierden. por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos, para que así se conserven las dos cosas.”
(RV60) Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.
son las antiguas estructuras tradicionales, que se endurecieron. ¡A veces preferimos ignorar o torcer partes de la Escritura, para guardar una tradición! Muchas veces chocamos con La Biblia para poder seguir nuestros paradigmas tradicionales.
Por ejemplo:
- ¿En qué pasaje se encuentran las denominaciones que a veces defendemos con tanto celo? Las denominaciones son nuestras tradiciones, pese a lo que diga La Biblia. Jesús tiene solamente una esposa, la Iglesia. No es polígamo, y sin embargo, nosotros decimos a la gente que, de alguna manera misteriosa, las denominaciones son parte de la voluntad de Dios.
2. cerrar los ojos para orar, es una tradicion. La Biblia, sin embargo, nos muestra lo opuesto Juan 17:1 (DHH) Después de decir estas cosas, Jesús miró al cielo y dijo: “Padre, la hora ha llegado: glorifica[1] a tu Hijo, para que también él te glorifique a ti.
(RV60) Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;
3. La Biblia dice: “El que crea y sea bautizado será salvo” (Marcos 16:16). Nuestra tradición dice que el que creyere y fuere salvo, será bautizado después de unos meses de prueba.
4. Jesús dijo: “Por tanto, VAYAN y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mateo 28:19-20). Nuestra tradición nos dice que no hace falta discipularlos, que es suficiente con creer y seguir viniendo a las reuniones dominicales.
Y como estas muchas mas no las realizamos por el simple hecho de que no es parte de nuestra tradición; Palmear, aplaudir, danzar.
Veamos la fuerza de la tradición en una persona tan respetada como lo es el apóstol Pedro. Cuando Dios quería que fuera a casa del gentil Cornelio, le costó mucho convencerlo.
Pedro había estado presente cuando Jesús dijo: “Por tanto, VAYAN y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mateo 28:19-20).
También lo había escuchado cuando mandó que fueran sus testigos “en Jerusalén como en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:8).
Y también cuando Jesus afirmo: “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).
Pero cuando llegó el momento de ser un testigo ante Cornelio, el centurión gentil, la tradición de Pedro tuvo más poder que todo lo que Jesús había dicho. El Señor entonces le mostró una visión de animales de todas clases, diciéndole “mata y come” tres veces, y las tres veces Pedro contestó: “i De ninguna manera, Señor’ Jamás he comido nada impuro o inmundo”, a pesar de que el Señor le decía: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro” (Hechos 10:14-15). Las tradiciones poseen un poder misterioso tan fuerte que su fuerza sobrepasa la fuerza de la Palabra de Dios. Es la tradición la que nos hace decir: “Señor, NO”.
La Biblia es nuestra regla de fe y práctica, siempre y cuando no entre en conflicto con nuestras tradiciones. Frente a la obstinación de Pedro, al Señor no le quedó otra alternativa más que decirle:
“Mira, Simón, tres hombres te buscan. Date prisa, baja y no dudes en ir con ellos, porque yo los he enviado” (vv. 19-20).
Pedro por fin se decidió a obedecer. Los hombres le contaron la asombrosa visión que tuvo Cornelio mientras oraba, de cómo se le había aparecido un ángel y le había dado instrucciones precisas para encontrarlo a él en Jope. Pedro no tuvo otra alternativa que acompañarlos. Cuando llegó a casa de Cornelio, sus primeras palabras fueron:
“Ustedes saben muy bien que nuestra ley prohíbe que un judío se junte con un extranjero o lo visite” (v. 28). ¿Qué dirías si alguien viniera a tu casa y te dijera esto? Sin duda que le mostrarías la puerta. No es difícil imaginarse cómo se habrá sentido Cornelio. No solamente había invitado a sus amigos, sino que también habían venido a su casa todos sus parientes. Seguramente, les había dicho a sus invitados: “Hoy vendrá un verdadero hombre de Dios. Mientras estaba orando se me apareció un ángel y me dijo que lo mandara a buscar. Debe ser un santo, un varón perfecto que nos va a explicar los misterios del Creador”.
Pero, he aquí que se presentó Pedro y, de entrada no más, los ofendió diciéndoles cuán abominable era para un judío acercarse a un extranjero, y que había venido porque Dios lo había obligado. Luego les preguntó: “¿Para qué me hicieron venir?” (v. 29). Todo un apóstol de Jesucristo y no sabe lo que tiene que hacer cuando el Señor lo manda a casa de un inconverso!
Lo que esta pregunta quiere decir es que no está dispuesto a darles el mensaje. ¿Por qué? Por las tradiciones. Cornelio volvió a contar lo que le ocurrió, repitiendo lo que aquellos hombres que habían enviado a Jope le habían dicho a Pedro hacía solamente dos días. Pedro no tuvo otra alternativa más que predicarles. Les habló acerca de Jesús, de sus milagros, de su muerte y de su resurrección. ¿Llegaría Pedro a llevar adelante su mensaje y hacerles una invitación a estos gentiles para que se arrepientan y sean salvos? Seguramente, no. Por eso, Dios irrumpió antes que Pedro terminara su mensaje y se despidiera, y los llenó a todos del Espíritu Santo, tal como a los discípulos en Pentecostés. ¡Todos los que estaban en la casa empezaron a alabar al Señor y hablar en lenguas! Luego Pedro se fue a un cuarto contiguo con los judíos que
habían ido con él para discutir lo acontecido. Estaban en un problema: “Bueno, y ahora, ¿qué hacemos? ¿Los bautizamos en agua o no?”. Los gentiles no tenían ningún problema.
Disfrutaban del Espíritu y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa que se les pidiera. Los tradicionalistas estaban confrontados con un gran dilema: ¡Sus tradiciones habían sido sacudidas! Después de deliberar por un rato, Pedro dijo:
-Me parece que tenemos que bautizarlos. Después de todo, si Dios los bautizó en el Espíritu Santo …
-Pedro, ¿qué vas a explicarles a los ejecutivos de la Iglesia cuando regresemos a Jerusalén?
-No sé, pero no puedo pensar en ninguna razón para no bautizarlos.
Cuando regresaron a Jerusalén, se encontraron con que las noticias ya habían llegado. Pedro entró donde estaban los otros ancianos, y uno de ellos le dijo:
-Hemos sabido que has estado en casa de un gentil y que además ¡has comido con ellos! ¿Es cierto eso?
Pedro comienza a relatar lo ocurrido: -”Cuando comenzó a hablarles, el Espíritu Santo descendió
sobre ellos … ” (11:15).
-No, no. ¡No puede ser!
-”… tal como al principio descendió sobre nosotros”.
-¡Imposiblel
-”Si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros al creer en el Señor Jesucristo, ¿quién soy yo para pretender estorbar a Dios? (v. 17).
Preste atención a lo que dice la Escritura: “Al oír esto, se apaciguaron y alabaron a Dios diciendo: ‘¡Así que también a los gentiles les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida!’” (v.18). ¿Acaso no les había dicho Jesús que el evangelio era para “toda criatura”, “todo el mundo”, “todas las naciones”, “hasta lo último de la tierra”? El poder de la tradición es aterrador. Dios no puede hacer muchas cosas por causa de nuestra esclavitud a las tradiciones. Cada vez que Él quiere cambiarnos un poquito, nos escandalizamos
¿Qué debemos hacer para experimentar la plenitud de la voluntad de Dios?
Romanos 12:1-2 nos dice dos cosas.
(DHH) Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Este es el verdadero[1] culto que deben ofrecer. No vivan y a según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.
(RV60) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
En primer lugar, que debemos ofrecer nuestro cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable. Un sacrificio vivo es de más valor que uno muerto, porque el sacrificio vivo tiene futuro. Dios puede hacer lo que quiere con él.
En segundo lugar, debemos ser transformados por la renovación de nuestra mente. Debemos estar preparados para el cambio. Estar en la voluntad de Dios es estar siempre abiertos para el cambio. Algunas veces decimos: “Señor, muéstrame tu voluntad”, pero si lo hiciera, no se notaría ninguna diferencia en nosotros. En ese sentido, somos como un tren que pide que le pongan un volante como a los automóviles. ¿Para qué? Si de todos modos no puede salirse de las vías. Las vías son nuestras tradiciones. “Señor, ayúdanos a hacer tu voluntad”, decimos, pero las vías están fuertemente clavadas.
Es así como somos en la iglesia. Predicamos y enseñamos, pero las cosas siguen igual.
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